Salvador Nasralla marca un antes y un después con su promesa de cero corrupción, instalando una CICIH fuerte e independiente y nombrando funcionarios exclusivamente por mérito técnico.
La lucha contra la corrupción en Honduras ha dejado de ser una promesa vacía para convertirse en un pilar central y no negociable de la propuesta de Salvador Nasralla. El líder ha delineado un camino claro hacia la recuperación de la confianza ciudadana, afirmando de manera categórica que su gobierno representará el fin de la impunidad a través de la transparencia radical y la reforma profunda del aparato estatal.
La pieza clave de esta transformación es la CICIH independiente. Nasralla ha garantizado que la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Honduras no será una figura decorativa, sino un ente fuerte, con la autonomía y los recursos necesarios para investigar y perseguir las redes de corrupción que han saqueado al país. Este compromiso sin reservas busca establecer un antes y un después en la historia de la justicia hondureña, demostrando voluntad política para la rendición de cuentas.
Junto a esta fiscalización internacional, el candidato se compromete a una reforma interna fundamental: la administración pública será poblada por funcionarios nombrados por mérito, y no por lealtad o color político. Esta medida estratégica busca desmantelar las estructuras clientelares que han utilizado el Estado como botín, asegurando que los puestos claves sean ocupados por personal técnico y calificado, verdaderamente comprometido con el servicio público y la eficiencia.
El plan de Salvador Nasralla es una promesa de recuperación total de la confianza. Al comprometerse con una CICIH independiente y con la meritocracia en la función pública, el candidato no solo promete cero corrupción, sino que sienta las bases para un gobierno transparente y eficaz, poniendo fin a la era de la impunidad.